Colores de otoño

Este artículo lo escribí cuando lancé mi página web por primera vez. En octubre de 2020. Es un artículo que escribí con mucho amor, explicando una experiencia muy personal con mi parto y de cómo fue todo. Os preguntaréis qué pinta este artículo en mi blog de alimentación familiar…

Pues os cuento que mucho, porqué Alexandra llegó a nuestras vidas después de un cambio de hábitos, de estilo de vida y eso es algo muy importante a tener en cuenta.  Y gracias a ese cambio de hábitos y estilo de vida que llevamos en esta casa esta alimentación sin azúcares ni procesados, ni siquiera gluten. Para mí, la alimentación es otra forma de educar a nuestros hijos. La educación no es sólo llevarlos al colegio y decirles lo que está bien o está mal. La educación engloba muchas cosas más, entre ellas enseñarles a comer de forma consciente. La educación consciente no se acaba en no gritarles y ofrecerles juegos montessori. La educación consciente empieza con una buena educación nutricional. Dicho esto, os dejo leer mi artículo, que más allá de la experiencia, quiero transmitiros buenos hábitos.

Octubre es de por sí un mes especial.

Es especial por que rompe un ciclo del año, lo verde se transforma en rojo, lo amarillo en marrón, las temperaturas bajan, y aquí donde vivo yo empiezan los meses a ser más oscuros, los días más cortos y las noches más largas. 

Ya hace días que encontramos en los supermercados estas maravillosas frutas u hortalizas, no sé muy bien como catalogarlas, porque hay quien te dice que es un fruto y hay quien que te dice que es una hortaliza. Hablo de LAS CALABAZAS. Un nuevo mundo para mí, aquí las venden de todos los tamaños, grandes, pequeñas, medianas… y de todos los colores, verdes, blancas, naranjas, marrón claro, etc. En fin, un sinfín de variedades que estoy intentando descubrir y que en breve os haré un post hablando de ellas. ¿Os apetece?

A lo que iba, OCTUBRE, un mes especial porqué rompe con todo, empieza una nueva estación, nuevos colores, nuevas temperaturas, nuevos horarios. En octubre, nació Alexandra. Mi vida, mi pasión, mi bombón, mi mini mi, mi terremoto, mi petardita, MI TODO.

Hace aproximadamente un año, salía de cuentas un tal 27 de septiembre. Pero empezó octubre y seguía esperando. Era especial porque seguía disfrutando del embarazo, pero a la vez, me desesperaba… Pasaban los días y ya no podía dormir, me costaba andar, y los días se hacían eternos, además que cuando se acerca el 9° mes (las mamás lo entenderéis) que lo único que una quiere es ver la cara de ese ser tan inocente y maravilloso que tenemos dentro.

Como me dijo un día mi cuñada, los últimos días del embarazo no deberían existir…. Pues imagínate si encima tu bebé llega con 19 días de retraso… Maravilloso, por un lado, estresante por otro. No voy a entrar en detalles de cómo se gestionó en Suecia esta espera, para mí fue demasiado. Y doy gracias que poco después de nacer Alexandra, cambiaron las leyes y pusieron límites en las fechas del parto. A mi me lo habían programada para el domingo 13 a las 19h, es decir, en la semana 42.1

Llega el día 12, sábado, y sobre las 15h empiezo con contracciones. Llamo al hospital y me dicen que hasta que no sean cada 3 minutos, que no puedo ir. Las tenía cada 10 minutos, así que no me quedó otra que esperar. Ese día nos fuimos a cenar a un restaurante, yo con contracciones, que no avanzaban, cada 10 min. Ni más ni menos.

12 de Octubre, cenando en un restaurante y yo con contracciones

Acabamos de cenar…. Y lo mismo. Cada 10 minutos. Nos acostamos… y lo mismo. Esa noche no dormí. Salió el sol (por decir algo, porque si no recuerdo mal llovió todo el día)… y todo seguía igual. Vuelvo a llamar al hospital, ya no podía más con los dolores de las contracciones. Y me dicen que si no son cada 3 minutos no puedo ir, y que, de todas formas, como tenía hora a las 19h, pues que me esperara.

A las 19h estábamos en el hospital, con maletas, canastilla, todo preparado. Yo había pedido un parto sin epidural. Lo sentí toda mi vida así. Así que sólo me inyectaron la oxitocina y me rompieron la bolsa al poco de llegar. Mi llegada coincidió con un cambio de turno, así que primero me atendieron 2 comadronas, explicándome que llegaría el nuevo turno y al cabo de un rato…. Llegaron otras dos, una estudiante y la otra que desapareció porque tuvo que atender otro parto. Por lo que en menos de 2h me atendieron 5 chicas diferentes, y TODAS, me miraban qué tal iba mi dilatación…. ¿Os imagináis? Iban pasando las horas…. Y allí estaba yo, con contracciones cada 7/10 minutos, y con oxitocina!!! Acabé pidiendo epidural (sobre las 4am), no hace falta que os diga porqué. Me monitorizaron a Alexandra con cadenas y vaginalmente.

En aquella sala seguían entrando chicas, yo creo que por lo menos pasaron 7 u 8 diferentes en total, más la ginecóloga, que tuvo que acudir de urgencia. El cable que monitorizaba la cabeza de Alexandra se desconectó y al intentarlo re-conectar la ginecóloga me dice: tienes una inflamación vaginal tan grande que no puedo ponerte el cable…. Allí salté yo: “y qué esperabas? Han pasado por lo menos 7 chicas diferentes, todas me han puesto los dedos en el coño para ver mi dilatación y una de las estudiantes me intentaba mirar la dilatación a través del clítoris… me extraña que sólo sea una inflamación lo que tengo, y si esto te parece normal, acláramelo… ”  y el tono os lo podéis imaginar, no? Con todo esto yo, a 40 de fiebre y con vómitos. Bueno, fue toda una odisea.

Al final consiguieron re-conectar el cable, tuvieron que sacarle sangre a Alexandra, estaba a casi 200 de pulsaciones, y con la lactosa en sangre desorbitada, por lo que ya me estaban preparando la sala para cesárea. Después de sacarle sangre 3 veces, (querían evitar cesárea, y me alegro de que así fuese) la lactosa en sangre finalmente se había estabilizado así que seguimos con el parto vaginal. Os tengo que decir, que a pesar de las comadronas que iban súper perdidas, esa ginecóloga fue un 10.

Finalmente llegaron las 8 de la mañana. Y con ella, el nuevo turno. Entró en la sala la nueva comadrona y la ginecóloga. Se presentaron y lo primero que les dije: “si entra alguien más en esta sala que no sea ninguna de vosotras dos, vais a tener un grave problema”.

Me dijeron que ya estaban al tanto de la situación. A esa hora, todo empezó a fluir, todo se relajó, las contracciones empezaron a avanzar y mi dilatación empezó a funcionar. El lunes 14 de octubre, a las 11.30, nacía Alexandra. Mi octubre, mi vida, mi color, mi otoño, mi todo.

Por eso octubre es especial, por lo que es octubre… y por algo más.

PD: Esa noche, había luna llena. Dicen que los partos con luna llena son los más largos y los más duros. Por lo contrario, un parto con luna nueva, dicen que es corto y fácil…. ¿Será cierto lo de las lunas? ¿Me contáis vuestra experiencia?

Ahora que ya sabes un poco más sobre nosotros…

¿Te unes a mi tribu vikinga con #mamismolonas?

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